INIESTEEEEEEE!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
INIESTEEEEEEE!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
INIESTEEEEEEE!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
jueves 7 de mayo de 2009
A ROMAAAAAA
sábado 2 de mayo de 2009
CHORREO
Barça Barrçaaa Barrrrrrççççççaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
jueves 19 de marzo de 2009
Tampoco yo lo merezco.
Con nula perspicacia e irremediable antipatía pensé ante los primeros largometrajes de Pedro Almodóvar, tan celebrados entonces y añorados ahora por tantos espectadores que se declaraban seducidos por la frescura, la irreverencia, la modernidad, el humor, el posibilismo, la originalidad y el estilo del gurú de aquella cueva de impostura con pretensiones artísticas y lúdicas denominada movida, que la pasión que despertaba su cine entre la vanguardia obedecía a esa cosa tan provisional y epidérmica llamada moda, que sus hilarantes chapuzas fílmicas retratando a una fauna estratégicamente pintoresca y autoconvencida de que los tiempos estaban cambiando serían flor de un día.
Carlos Boyero
El país
Cojones nene, vaya oración.
La he tenido que leer cuatro veces para entender algo...
(ya sé que soy cortico, no tenéis que decirlo)
martes 17 de marzo de 2009
Traslado.
Lo haremos de otra forma.
Abro otro chiringuito.
Me llevo las Barrenas a otra parte.
besos y/o abrazos
Barrena V
Subo a la azotea con un puro, la Biblia y un vaso de Macallan sin hielo. Es el único wisky que soporto. Siempre tengo una botella. Mi pequeño lujo. El puro es un Montecristo del 4. La Biblia, de principios de siglo -del siglo XX- raída, manoseada, fue del padre de mi madre.
Contemplo la ciudad, fumo y bebo despacio, saboreando Escocia. La malta baja mi garganta relajándome. No hay frío. Es febrero pero el invierno ha sido leve. Un solecito guapo alegra los huesos y me hace feliz.
A lo lejos el reloj del BBVA, insomne, contándonos el tiempo en negro sobre blanco. Girando para todos, por partida doble, las manecillas sobre su centro y a la vez el reloj completo sobre el eje vertical que lo ata al edificio. La sagrada familia, siempre inconclusa, advirtiendo que sólo el deseo es eterno. El mar más allá, a la derecha el puerto, después el sur, África, el desierto.
Quizás alguien me mire desde Argelia.
¿Acaso nos desechará el Señor para siempre?
¿Ya no volverá a ser propicio?
¿Se ha agotado su misericordia?
¿Se han acabado sus promesas?
¿Se ha olvidado de ser clemente?
¿En su ira ha cerrado su compasión?
Fumo despacio. Disfruto cada átomo de este puro de nombre distante. Mi mente en blanco. No necesito fórmulas budistas. Ahora mismo sólo soy cebada, alcohol y humo. Y dos ojos que se tragan la ciudad.
Contemplo la ciudad, fumo y bebo despacio, saboreando Escocia. La malta baja mi garganta relajándome. No hay frío. Es febrero pero el invierno ha sido leve. Un solecito guapo alegra los huesos y me hace feliz.
A lo lejos el reloj del BBVA, insomne, contándonos el tiempo en negro sobre blanco. Girando para todos, por partida doble, las manecillas sobre su centro y a la vez el reloj completo sobre el eje vertical que lo ata al edificio. La sagrada familia, siempre inconclusa, advirtiendo que sólo el deseo es eterno. El mar más allá, a la derecha el puerto, después el sur, África, el desierto.
Quizás alguien me mire desde Argelia.
¿Acaso nos desechará el Señor para siempre?
¿Ya no volverá a ser propicio?
¿Se ha agotado su misericordia?
¿Se han acabado sus promesas?
¿Se ha olvidado de ser clemente?
¿En su ira ha cerrado su compasión?
Fumo despacio. Disfruto cada átomo de este puro de nombre distante. Mi mente en blanco. No necesito fórmulas budistas. Ahora mismo sólo soy cebada, alcohol y humo. Y dos ojos que se tragan la ciudad.
domingo 15 de marzo de 2009
Barrena IV
El guiri es un tipo vital como todos los de su especie. Jamás parece tener problemas. Siempre riendo y fanfarroneando en su castellano torpe. En verdad es tímido. La primera noche que entré acá él también estaba. No sé cómo escribe sus versos. Supongo los hace en inglés y luego los traduce. Es ingeniero industrial. Una empresa inglesa le paga sueldos ingleses por trabajar en el sol de España. Podía ser un yuppie con corbata follando putas caras en los bares de la zona alta. Prefiere el Raval. Prefiere El Calipso.
Se apoya a mi lado en la barra, me invita a un cubata, habla, me cuenta no sé qué, yo comento distraído una noticia del diario. En los altavoces suena una trompeta. El guiri cierra los ojos y acompaña el ritmo con las palmas. Gira. Baila. Satchmo, dice, I love al tío este. Abre los brazos. Ven nena, baila with the superguiri, dice a Xamantha. Los clientes lo miran, ríen, cuchichean. Xamantha dice que ni hablar. Va entonces a por Magenta. La agarra de una mano y le hace dar un par de vueltas torpes. Ensayan algo parecido a un vals. Viene hacia mí. Lo aparto con una mano.
Eran tiempos de comenzar. Nuevo curro, nuevo piso compartido, nueva soltería, nuevos amigos. Había estado viviendo un par de años con una chica. Yo era administrativo en un hospital y arreglaba los ordenadores de los colegas cuando se estropeaban. Era simple y feliz. Un día la chica y yo rompimos, a la semana siguiente pedí la cuenta en el trabajo. Poco más que contar. El dolor de las cosas que se acaban, la incertidumbre de buscar faena, la historia de siempre. Encontré una habitación en lo de la Luisa, un antiguo amigo me comentó que buscaban alguien en Inventa y empecé a frecuentar El Calipso.
Cumplía treinta años en breve. Era como nacer de nuevo.
Se apoya a mi lado en la barra, me invita a un cubata, habla, me cuenta no sé qué, yo comento distraído una noticia del diario. En los altavoces suena una trompeta. El guiri cierra los ojos y acompaña el ritmo con las palmas. Gira. Baila. Satchmo, dice, I love al tío este. Abre los brazos. Ven nena, baila with the superguiri, dice a Xamantha. Los clientes lo miran, ríen, cuchichean. Xamantha dice que ni hablar. Va entonces a por Magenta. La agarra de una mano y le hace dar un par de vueltas torpes. Ensayan algo parecido a un vals. Viene hacia mí. Lo aparto con una mano.
Eran tiempos de comenzar. Nuevo curro, nuevo piso compartido, nueva soltería, nuevos amigos. Había estado viviendo un par de años con una chica. Yo era administrativo en un hospital y arreglaba los ordenadores de los colegas cuando se estropeaban. Era simple y feliz. Un día la chica y yo rompimos, a la semana siguiente pedí la cuenta en el trabajo. Poco más que contar. El dolor de las cosas que se acaban, la incertidumbre de buscar faena, la historia de siempre. Encontré una habitación en lo de la Luisa, un antiguo amigo me comentó que buscaban alguien en Inventa y empecé a frecuentar El Calipso.
Cumplía treinta años en breve. Era como nacer de nuevo.
jueves 12 de marzo de 2009
Barrena III
Los viernes salíamos a comer en el trabajo. Era una especie de tradición de la que fui informado el día que tuve la primera entrevista. Después de leerse mi currículum y comentar un par de cuestiones -¿Por qué te fuiste del hospital aquel? ¿Cuáles son tus defectos como trabajador? ¿Por qué no terminaste la carrera?- Albert me informó de la comida de los viernes.
El primer viernes Lorena se sentó a mi lado. Hablamos de cine. Ella era fans de los coreanos, chinos, tailandeses, yo reía hablándole de Jackie Chang y Jet Li. «¿Qué es una peli de chinos si no hay patadas?» Citaba con soltura nombres que no me sonaban de nada, Park Chan-wook, Zhang Yimou, Pen-Ek Ratanaruang. Introspección. Películas en que no pasa nada. Largos planos en silencio sobre bosques de abedules. Paisajes Zen.
- Y en versión original, claro.
- ¿Chinos hablando chino?
- Y coreano…
- ¿Chinos hablando coreano?
- Chinos hablando chino, coreanos hablando coreano, tailandeses hablando…
- Ya lo entiendo, igual es más sencillo Jet Li, todos hablando inglés, todo doblado, todos contentos.
Se aparta el pelo de los ojos, suele hacerlo. No llega a ser un tic, no es molesto. Supongo signifique algo. Un psicólogo agudo quizás pueda sacar todo un perfil de un detalle así: Lorena González, habla de chinos y se aparta el flequillo de los ojos. Un par de años más tarde se cortará el pelo y aún le quedará ese ademán, una vaga caricia en la frente. Entonces será más difícil de interpretar. El psicólogo agudo podría confundir el gesto con deseos de apartar pensamientos hostiles, ligeras cargas mentales. Buscará más pistas, uñas mordidas, tamborileo de los dedos sobre la mesa, la manera de encender un cigarro. Nadie recordará aquel flequillo rebelde.
El primer viernes Lorena se sentó a mi lado. Hablamos de cine. Ella era fans de los coreanos, chinos, tailandeses, yo reía hablándole de Jackie Chang y Jet Li. «¿Qué es una peli de chinos si no hay patadas?» Citaba con soltura nombres que no me sonaban de nada, Park Chan-wook, Zhang Yimou, Pen-Ek Ratanaruang. Introspección. Películas en que no pasa nada. Largos planos en silencio sobre bosques de abedules. Paisajes Zen.
- Y en versión original, claro.
- ¿Chinos hablando chino?
- Y coreano…
- ¿Chinos hablando coreano?
- Chinos hablando chino, coreanos hablando coreano, tailandeses hablando…
- Ya lo entiendo, igual es más sencillo Jet Li, todos hablando inglés, todo doblado, todos contentos.
Se aparta el pelo de los ojos, suele hacerlo. No llega a ser un tic, no es molesto. Supongo signifique algo. Un psicólogo agudo quizás pueda sacar todo un perfil de un detalle así: Lorena González, habla de chinos y se aparta el flequillo de los ojos. Un par de años más tarde se cortará el pelo y aún le quedará ese ademán, una vaga caricia en la frente. Entonces será más difícil de interpretar. El psicólogo agudo podría confundir el gesto con deseos de apartar pensamientos hostiles, ligeras cargas mentales. Buscará más pistas, uñas mordidas, tamborileo de los dedos sobre la mesa, la manera de encender un cigarro. Nadie recordará aquel flequillo rebelde.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)